Índice
- 1 Lo que debes saber antes de seguir leyendo
- 2 El trailer como trampa bien diseñada
- 3 Materialists: cuando el romance es pretexto
- 4 The Drama: la boda que nadie esperaba
- 5 ¿Por qué funciona este modelo?
- 6 El marketing como mecanismo cultural
- 7 Tres películas, un mismo patrón
- 8 ¿Esto es manipulación o es cine inteligente?
- 9 Preguntas frecuentes sobre trailers de películas engañosos
- 10 Para cerrar
Hay algo que está pasando en el cine contemporáneo y que vale la pena nombrar: los trailers te prometen una cosa y la película te da algo completamente diferente. No estamos hablando de las películas de Marvel que parecen épicas en el avance y terminan siendo regulares. Estamos hablando de algo más calculado, más inteligente y, si lo piensas bien, bastante cabrón.
Productoras como A24 han convertido el marketing en un Caballo de Troya: te meten una película disfrazada de otra para que llegues a la sala sin defensas, sin posiciones formadas, sin el modo cinéfilo mamador activado. Y funcionan porque los números de taquilla son altos. Bienvenido a la nueva era de los trailers de películas engañosos.
Lo que debes saber antes de seguir leyendo
- Sinners se vendió como una película de vampiros de terror. En realidad es un drama sobre el esclavismo, la música negra y la apropiación cultural en el sur de Estados Unidos.
- Materialists se promovió como una comedia romántica sobre una casamentera. En realidad es un análisis del mercado del amor y cómo las personas se evalúan a sí mismas como productos.
- The Drama, con Zendaya y Robert Pattinson, parecía una película de boda con drama entre los novios. En realidad es una conversación sobre la estigmatización de las personas y el debate sobre la violencia armada en Estados Unidos.
- El patrón no es accidental: es una estrategia de marketing deliberada que usa el entretenimiento como anzuelo para meter al público en conversaciones incómodas.
El trailer como trampa bien diseñada

Cuando ves el trailer de Sinners, ves monstruos, atmósfera de horror, tensión. El tipo de película que invitas a tus amigos a ver un viernes por la noche porque “da miedo y está buena”. Nadie entra al cine pensando en esclavitud ni en la historia del blues como resistencia cultural.
Si el trailer te hubiera dicho de frente que ibas a ver una película sobre apropiación cultural y la identidad negra en el sur de los años 30, llegarías al cine con tu posición ya formada. Unos defensivos, otros convencidos de antemano, todos un poco a la guardia. La película perdería su poder más importante: el de meterte en la conversación antes de que puedas decidir si quieres o no estar en ella.
El director Ryan Coogler, conocido por Black Panther y Creed, eligió envolverlo todo en una historia de vampiros precisamente para desactivar esas defensas. El terror es el envoltorio. El discurso es el regalo adentro.
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Materialists: cuando el romance es pretexto

La campaña de Materialists fue brillante en su superficialidad. Dakota Johnson, Pedro Pascal, Chris Evans. Una casamentera que encuentra parejas para otros y termina encontrando el amor. Suena a comedia romántica de temporada, a algo que ves con palomitas y sin esperar gran cosa.
Lo que en realidad te da la película es un retrato incómodo de cómo funciona el mercado afectivo moderno: las personas buscando parejas que estén “a su nivel”, que tengan su mismo valor de mercado, que encajen en el perfil de lo que “merezco según lo que soy”. La directora Celine Song, que ya había hecho algo parecido con Past Lives, usa la estructura de la comedia romántica como un molde familiar para que el público se instale cómodo antes de empezar a incomodar.
No te dice qué pensar sobre el amor. Solo te muestra cómo está, y te deja ahí.
The Drama: la boda que nadie esperaba

De todas las películas de este ciclo, The Drama es quizás el caso más audaz de Caballo de Troya porque eligió uno de los géneros más estereotipados del cine: la película de bodas.
El trailer lo vendía exactamente así: Zendaya y Robert Pattinson, una boda que parece ir de mal en peor, drama entre los novios, relaciones complicadas, el tipo de historia que históricamente se ha dirigido casi exclusivamente a un público femenino. Las revistas de moda lo cubrieron, los blogs de lifestyle lo recomendaron. La estrategia fue venderlo donde ya existía un mercado receptivo.
Lo que nadie vio venir fue la escena de la cena. En esa secuencia, un grupo de amigos juega a confesar lo peor que han hecho. Una amiga dice que encerró a un niño y lo dejó buscando por horas. Risas incómodas. Luego el personaje de Zendaya confiesa que, en su adolescencia, llegó a planear un tiroteo escolar. El grupo se transforma. La misma amiga que acababa de contar algo objetivamente cruel empieza a señalar, a estigmatizar, a sembrar dudas en el novio.
La película no sentencia. No te dice si el personaje de Zendaya es peligroso o si la sociedad es hipócrita. Solo mete la conversación en la sala y te deja con ella.
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¿Por qué funciona este modelo?

Hay algo psicológico en juego aquí que vale la pena entender. Cuando una persona llega a ver un contenido sin expectativas temáticas formadas, su postura crítica está baja. No está en modo debate. No llegó a defender ni a atacar una posición. Llegó a ver una película de vampiros, o una boda, o una historia de amor.
En ese estado, el discurso entra diferente. No choca contra un muro de opiniones previas. Se instala. Te hace pensar desde adentro en lugar de reaccionar desde afuera.
Es exactamente lo contrario a leer un artículo de opinión con el que no estás de acuerdo: en ese caso ya llegaste a la guardia. Aquí llegaste desarmado.
A24, la productora detrás de varias de estas películas, entendió esto antes que nadie. De hecho, hace algunos años se hablaba de que la compañía buscaba hacer películas más comerciales para llegar a más personas. Los cinéfilos más puristas se quejaron, temiendo una caída en la calidad. Pero lo que pasó fue lo contrario: al buscar llegar a más gente, refinaron el arte del Caballo de Troya. Más acceso, mismo discurso.
El marketing como mecanismo cultural

Desde una perspectiva de marketing, lo que están haciendo estas productoras es usar la campaña publicitaria como herramienta de segmentación inversa: en lugar de hablarle al público que ya estaría interesado en el tema (que ya tiene una opinión formada), le hablan al público que no sabe que le interesa el tema todavía.
El trailer no es una descripción honesta del producto. Es un invitación estratégica. Y técnicamente no hay nada deshonesto en eso: el entretenimiento que se muestra es real, la experiencia cinematográfica es genuina. La película simplemente tiene más capas de las que el avance sugiere.
Lo interesante es que ya sabemos que A24 hace esto, y seguimos comprando el boleto. Lo que dice algo de nosotros como audiencia: en algún nivel, queremos ser sorprendidos. Queremos que el cine nos meta en conversaciones que no hubiéramos buscado solos.
Tres películas, un mismo patrón
| Película | Lo que vende el trailer | Lo que en realidad habla |
|---|---|---|
| Sinners (2025) | Horror de vampiros | Esclavismo, identidad cultural negra, apropiación cultural |
| Materialists (2025) | Comedia romántica | El mercado del amor y el valor que le damos a las personas |
| The Drama (2026) | Drama de boda | Estigmatización, salud mental y violencia armada en EE. UU. |
¿Esto es manipulación o es cine inteligente?

El marketing siempre ha tenido como objetivo hacer que la gente compre algo que quizás no compraría si supiera exactamente lo que es. Eso no es nuevo. Lo que sí es nuevo, o al menos más visible en los últimos años, es el uso de esa lógica para distribuir conversaciones culturales que de otra manera quedarían en circuitos muy cerrados: festivales de cine, revistas especializadas, grupos de personas que ya están convencidas de antemano.
Cuando Sinners llega a las salas disfrazada de película de terror, no solo llega a los cinéfilos que ya conocen a Ryan Coogler. Llega a personas que nunca habrían buscado una película sobre la historia cultural negra en el sur de Estados Unidos. Y eso es, dependiendo de cómo lo veas, una forma de manipulación o una forma de democratizar el discurso.
Preguntas frecuentes sobre trailers de películas engañosos
¿Qué es el marketing Caballo de Troya en el cine? Es una estrategia en la que el trailer y la campaña publicitaria de una película venden una historia superficial o de género popular (terror, comedia romántica, drama de bodas) para atraer a un público más amplio, mientras la película en realidad desarrolla un discurso sobre temas sociales, políticos o culturales más complejos.
¿Qué películas usan el marketing Caballo de Troya? Algunos ejemplos recientes son Sinners (2025), de Ryan Coogler, que se vendió como horror de vampiros pero trata sobre esclavismo y cultura negra; Materialists (2025), de Celine Song, presentada como comedia romántica y en realidad un análisis del mercado afectivo; y The Drama (2026), con Zendaya y Robert Pattinson, que pareció una película de bodas pero aborda la estigmatización y el debate sobre la violencia armada.
¿A24 hace esto deliberadamente? Todo indica que sí. A24 es conocida por campañas de marketing que priorizan el atractivo comercial del género sobre el contenido temático real de sus películas. Es parte de una estrategia para ampliar su audiencia sin comprometer el tipo de cine que produce.
¿Es esto una mentira o una estrategia legítima? Es una estrategia legítima desde el punto de vista del marketing y del cine como industria. Las películas cumplen con lo que prometen en términos de entretenimiento; simplemente tienen más capas de las que el avance sugiere. La experiencia en sala no defrauda: solo es más de lo que esperabas.
Para cerrar
Hay algo casi paradójico en todo esto: la gente necesita que la engañen para volver a usar su criterio. Si el trailer te dice de frente lo que vas a ver, llegas al cine con tu posición lista. Si te dice otra cosa, llegas abierto, y la película hace su trabajo.
A24 no inventó el cine con mensaje. Pero sí perfeccionó la forma de meterlo donde antes no cabía. Y el hecho de que sigamos comprando el boleto, sabiendo ya cómo funciona el truco, dice más de nosotros como audiencia que de ellos como productora.
El Caballo de Troya funciona porque en algún lugar, inconscientemente, dejamos que entre.
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