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Ballerina intenta subirse al tren del universo John Wick, pero termina pareciendo un fanfic con presupuesto. En lugar de expandir con inteligencia, solo extiende por extender.
¿De que trata Ballerina?

En teoría, Ballerina nos cuenta la historia de Rooney, una joven asesina que busca vengarse del asesinato de su familia. Pero esta vez la diferencia es que todo ocurre con luces de neón, coreografías estéticas y Ana de Armas en primer plano. El problema es que el empaque visual no logra disfrazar que la historia es una plantilla de “heroína enojada que mata gente” sin alma ni sorpresa.
Rooney no tiene una evolución emocional real, sus motivaciones son recicladas y los villanos apenas importan. El guion asume que con mostrarla sufriendo un minuto, entrenando en cámara lenta y matando a 20 tipos en un pasillo ya tenemos suficiente para empatizar con ella.
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¿Funciona como parte del universo John Wick?

Definitivamente no, Ballerina intenta disfrazarse de pieza dentro del universo Wick. Tiene los elementos estéticos: luces neón contrastantes, cámaras lentas, música atmosférica, violencia que parece coreografiada por alguien obsesionado con la simetría.
Todo eso está ahí. Pero ya sabemos que repetir los símbolos visuales no garantiza continuidad narrativa. Una cosa es que algo “se parezca” a John Wick, y otra muy distinta es que realmente forme parte de su mundo.
Porque si vamos al fondo, Ballerina no tiene alma, ni tensión, ni un conflicto que sume al universo que intenta habitar. Se siente forzada, una historia que no surge de forma orgánica, sino como una necesidad del estudio de seguir exprimiendo una franquicia.
¿Y Ana de Armas en Ballerina?

Aquí es donde realmente duele. Porque Ana de Armas tiene todo para cargar una película de acción sobre sus hombros y más. Tiene presencia, tiene carisma, tiene rango actoral, tiene esa mirada que puede pasar del dolor más íntimo a la furia más explosiva sin necesidad de diálogo.
Y además, tiene la capacidad física para ejecutar secuencias de acción con convicción. Es, en teoría, la actriz perfecta para un papel protagónico como Ballerina.
Pero todo eso se desperdicia.El guion, lejos de construirle un personaje complejo o con matices, la encierra en una estructura básica, predecible y sin alma.Lo trágico es que Ana tiene talento de sobra.
Es capaz de en una sola secuencia robar toda la atención. Es una actriz que puede hacer mucho con muy poco, pero necesita un guion que le dé sustancia. Aquí no lo tiene.
Lo que vemos en Ballerina es una especie de vitrina: una exhibición de Ana de Armas como ícono visual. Su personaje no está ahí para emocionarnos, está para verse bien bajo luces neón, para posar entre explosiones, para ser un avatar estético. Y eso, honestamente, es una traición a su capacidad actoral.
Es como ver a una gran cantante obligada a tararear. Sabes que puede hacer más, sabes que tiene potencia, pero el material simplemente no la deja brillar.
Ballerina brilla, pero no mata

Ballerina es una película que parece muchas cosas, pero no logra ser ninguna de ellas con autenticidad. Se presenta como parte del universo John Wick, pero más allá de un par de referencias visuales, no entiende la esencia que hacía funcionar esa saga: la combinación entre estilo, honor y tragedia contenida.
Intenta ser un thriller de acción, pero carece de tensión real, de riesgo, de momentos que aceleren el corazón. Aspira a ser una historia de venganza, pero no hay catarsis, ni dolor genuino, ni justicia emocional.
Todo en Ballerina se siente como una estrategia de marketing disfrazada de película. Hay técnica, hay presupuesto, hay intención visual. Pero lo que falta es lo más importante: una historia que merezca ser contada.
Cada escena, cada diálogo, cada explosión parece construida para cumplir con una lista de expectativas, no para desarrollar un universo con coherencia y emoción.
El resultado es una cinta olvidable, un producto industrial más que una obra cinematográfica. Es otro ejemplo del desgaste que sufren las franquicias cuando el foco ya no es el relato, sino el rendimiento comercial.
Estirar un universo sin alma no lo hace más grande: lo hace más débil. Y si Ballerina representa el rumbo de este mundo narrativo, entonces es probable que estemos viendo su declive en tiempo real.
¿Ya viste la película? Cuéntanos qué te pareció.
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